8.26.2008

"La literatura de verdad no es cosa de este mundo"

[Entrevista a Ricardo Strafacce por Pedro B. Rey]

Ricardo Strafacce dedicó diez años de trabajo a investigar y escribir sobre Osvaldo Lamborghini. Su oficio narrativo (publicó, entre otras novelas, El crimen de la negra Reguera y La boliviana ) se revela en la pericia con que construye, en más de un millar de páginas que nunca resultan maratónicas, el relato de una vida compleja; su profesión de abogado, en el métodico rigor con que usufructúa cartas, testimonios y documentos, y no en la fluidez de su prosa, afortunadamente desprovista de los gerundios leguleyos de los que abusan muchos de sus colegas.

Osvaldo Lamborghini, una biografía fue, además, realizada, algo infrecuente en estos tiempos, sin ninguna clase de beca o ayuda institucional.

-¿Fue un gesto de independencia?

-No, al menos no deliberadamente. Hace diez años se presentó una carpeta en alguna repartición oficial (no recuerdo cuál) pero nunca hubo respuesta. Quizá todavía haya un expediente en trámite con ese pedido en algún recoveco del Castillo.

-¿Retratar el mito Lamborghini es un modo de explicar o hacer más accesible la obra?

-Si no sonara demasiado tremebundo, diría que el libro no retrata el mito sino que "desmitifica", en fin, muchos aspectos de la vida y la obra de Osvaldo Lamborghini. Tampoco pretende explicar (sería impertinente de mi parte) al autor. Pero es cierto: al relacionar textos y reponer contextos, el libro permitiría, no digo entender mejor, pero sí disfrutar más de esa obra. O disfrutarla de otra manera por lo menos. En lo personal, la investigación me permitió mitigar una curiosidad que me asaltó desde que lo leí por primera vez: ¿cómo será -cómo habrá sido- una persona que escribe así?

-¿Con qué inconvenientes lidia un biógrafo de estos lares, donde el género biográfico es tan poco frecuentado?

-Más allá de los pudores lógicos con los que me topé al recoger testimonios, la mayor dificultad residió en la pobreza de nuestros archivos públicos. La Biblioteca Nacional, por ejemplo, es poco menos que inutilizable.

-A lo largo del relato, se hace referencia a un secreto de infancia que parece siempre a punto de ser revelado y nunca llega a resolverse...

-Aparentemente, todos tenemos un secreto de infancia. Quizá se trate de un efecto de lectura de distintos textos que cito, pero que no compuse yo.

-La obra de Lamborghini, a pesar de su influencia, ha sido objeto de escasos estudios críticos. ¿Cómo explicaría esa carencia?

-Bueno, Adriana Astutti le ha dedicado varios artículos. Nicolás Rosa también. Hay cosas de Tamara Kamenszain, Alan Pauls, Julio Premat y algunos otros, y ahora salió un volumen íntegro de estudios críticos sobre Lamborghini. De todos modos, es cierto que, como usted plantea, el interés de la crítica por esa obra no parece proporcional a su importancia. Supongo que el tiempo emparejará los tantos. A la literatura hay que darle tiempo.

-En el prólogo, figura una reminiscencia personal. La vez que leyó Novelas y cuentos, editado por Ediciones del Serbal. Pensó que eso era la literatura argentina, que así había que escribir. ¿Cómo definiría ese estilo? La consigna, ¿sigue siendo válida?

-Lo definiría, con alguna premura e inevitables generalizaciones, como una mezcla de la ironía y la opacidad macedonianas, los aires montaraces de la gauchesca y el aprovechamiento máximo de todo lo que aprendimos de Borges. Y mucho desparpajo. El mismo desparpajo que percibo en las obras de Gombrowicz, Copi, Aira, Zelarayán, Colautti, Laiseca, Libertella, Fogwill o el mejor Wilcock. Y creo que ahora, en medio de tanta "agenda" preestablecida por los sellos grandes y los premios literarios y tanta obsecuencia derivada de la voluntad -no siempre de mala fe- de ensanchar el público, la consigna es más válida que nunca. La literatura de verdad, creo, no es cosa de este mundo. Lamborghini la definía así: "Lugares vacíos y la interposición de la letra. La vida, nunca".