8.26.2008

Fogwill. Sintaxis mayor

Siempre había creído que la expresión era una metáfora privada de Lamborghini, limitada a esas cartas en las que reprochaba habernos transmitido o regalado "su sintaxis mayor". Recién ahora, leyendo las pruebas de galera del libro de Strafacce, entre tanta documentación descubro que la había usado en una de sus primeras intervenciones públicas.

Fue en el curso de un reportaje publicado en la revista Los Libros en 1970. Interrogado sobre los libros del año responde: "Sin ninguna duda, Boquitas pintadas . Con la obra de Manuel Puig, la supuesta función ´expresiva del lenguaje literario y la variada gama de ilusiones al respecto, sufre un golpe verdaderamente ´crítico . Boquitas... define un campo, señala un punto de ruptura: estamos ante un modelo de sintaxis mayor donde nada nos es ´comunicado , salvo nuestra propia presencia como soportes vacíos de todas las determinaciones que nos hablan".

Algunas gramáticas distinguen la sintaxis menor, que organiza las frases, de una sintaxis mayor, que rige la relación entre frases y fija reglas de subordinación, y las más laxas reglas discursivas de conexión entre ellas. Yo entendí que en aquellas cartas se refería a algo mayor que era la relación entre el texto y sus condiciones naturales de producción: la patria, el cuarto en el que se escribe, la memoria del mundo reflejada en la propia, el cuerpo -sus humores, sus ciclos y tormentos- la mano, el lápiz, el registro de su trazo.

Tiempo después recibí otra carta, donde sin preámbulos enunciaba: "Lo más inteligible de la lengua no es la palabra misma: es el tono, la intensidad, la modulación, el tempo con que se pronuncia una serie de palabras. En una palabra, la música detrás de las palabras, la pasión detrás de esa música, la persona detrás de esa pasión: todo lo que no puede escribirse, por lo tanto. Por eso el oficio de escritor no sirve". El uso de comillas sugiere que estaba citando un texto ajeno, probablemente de Nietzsche, que por esos días integraba sus lecturas de cabecera.

Que "el oficio de escritor no sirve", escrito o citado en aquellos días trágicos, como todos los de su vida, bien lo sabíamos los expuestos a la convulsa sintaxis de nuestros vínculos con él. Escribir no es servir, sino todo lo contrario. Pero al mismo tiempo, el oficio de escritor nunca servirá como instrumento para poder escribir. De una mujer que publicaba y no escribía mal pero desesperaba por ser reconocida como escritora, dijo una vez: "Pobrecita, escribe para salvarse y no sabe que esto es para perderse". ...l extremó en su vida esta polaridad con los resultados que tenemos a la vista: la consagración de un autor y la canonización de una obra que no sirve al negocio editorial más que para prestigiarlo adhiriendo un sello a sus textos que funcionarán como mensajes cifrados, vehículos de transmisión de eso mayor que ya operó sobre tres generaciones.

Durante cada una de las once décadas que sucedieron al siglo XIX, la Argentina tuvo una masa crítica de poco más de un centenar de escritores y, en cada década, tres o cuatro de ellos, entonces considerados los mejores, pudieron distinguirse por una gran virtud o un gran defecto, y, entre ambos, por su estilo particular que hoy permite identificar su autoría teniendo a la vista unos pocos renglones de cualquier página de esa plausible e imaginaria Antología de los Mayores. En ella el poeta Leónidas y el polígrafo Osvaldo Lamborghini convivirán con Aira, Arlt, Bioy, Borges, Copi, Fijman, Gelman, Manucho, Juan L. Ortiz, Puig, Saer, Silvina y una veintena más que quedará librada al azar de los antólogos y de los vientos de la época. Del conjunto, la presencia del hermano menor, aunque ineludible, será sin duda, la más cuestionada.

...l mismo -que en el curso de su Sebregondi interfiere el relato lamentando: es tan difícil no gustarle a nadie- hizo todo lo posible para provocar el conflicto que ahora vienen a testimoniar estos dos libros lanzados celebrando su definitiva consagración.

La biografía de Ricardo Strafacce - Osvaldo Lamborghini, una biografía - por sus transcripciones de cartas, textos y manifestaciones puede ser leída como altísima literatura, pero es también legible como la novela de la pasión de un biógrafo por los entornos, los acontecimientos y hasta por cualquier ínfimo detalle magnetizado por su contacto con Lamborghini, y viene a agregar pruebas para críticos y detractores dotándolos de un amplio argumentario sobre el lado humano y las miserias de esta divinidad naciente.

La colección de doce ensayos - Y todo el resto es literatura - publicada por Interzona y compilada por Juan Pablo Dabove y Natalia Brizuela, de las universidades de Colorado y Berkeley, parece un eficaz dispositivo de consagración. Cinco ensayos proceden de otros tantos académicos activos en universidades de Estados Unidos, uno del profesor Julio Premat de la Universidad de Paris VIII, dos de profesores en prestigiosas universidades locales, dos de escritores argentinos laureados y otro del escritor y editor argentino Luis Chitarroni, laureado recientemente por el éxito de crítica de su reciente novela Peripecias del no y por el cuarto de siglo que cumple como operador en la trastienda de Editorial Sudamericana. De las tres contribuciones de escritores, la de Chitarroni es la más perspicaz y honesta: prescinde de notas al pie, bibliografías al uso profesoral y de esas citas textuales de Lamborghini que en los otros ensayos parecen destinadas algunas veces a corroborar que se lo ha leído y, en otras, para dotar el artículo de algún valor estético. La de la poeta Tamara Kamenszain, aunque se ajusta con notas y bibliografía a los requerimientos del género paper , está compuesta desde la literatura y con pleno derecho, en tanto abunda en el comentario de versos y poemas ejecutado desde una profesional del género poesía que conoce el gabinete de trabajo del poeta y escribe privilegiada por su proximidad generacional y afectiva con Lamborghini. La del novelista Luis Gusmán es un intento literariamente fallido por entretejer recuerdos y "pruebas fehacientes" de su amistad con Lamborghini, con ajustes de cuentas que nadie ha pedido y que no tienen pertinencia literaria alguna, y con interpretaciones de textos que nunca terminan de convencer. Como desde el comienzo adopta un estilo narrativo testimonial, el lector tropieza cada vez que el ensayo pretende hacer teoría y no es porque deba volver atrás, sino porque Gusmán vuelve más adelante, a veces a recuperar la forma narrativa y otras a referir por segunda, tercera o cuarta vez a los personajes principales de su pieza, que son su libro El frasquito , su profesor de psicología-ficción Oscar Masotta, su camarada literario y compañero de introducción en el lacanismo Germán García y el enojoso escritor César Aira cuya operación sobre Lamborghini nunca terminará de comprender y parece empeñado en neutralizar. "La interpretación de Aira, que hace hincapié en la obra de Lamborghini, la leo en realidad como una variante peculiar del autorretrato (el autorretrato de Aira)", dictaminó Alan Pauls hace más de diez años cerrando para siempre ese episodio del negocio editorial. Los nueve ensayos procedentes de profesores de distintos rubros de las letras lucen impecablemente escritos y ricamente documentados pero -cuestión de gustos- ninguno apuesta a dar cuenta de la obra y todos tratan de instalarla en una red intertextual que, no por obvia, aporta algo a la comprensión del autor. Es un mal de la época y especialmente un mal del género paper , esa literatura menor que hasta puede brillar, como en algunos de estos ensayos, pero que nunca termina de esconder en un segundo plano las huellas de su compromiso con la cosa curricular y con la doble exigencia de halagar las teorías de temporada y seducir a los estudiantes fortaleciendo la corriente de alumnos que es objetivo central de la academia norteamericana, al menos en las áreas softies de las humanidades posmodernas que tienen escasa aplicación en los negocios y en la industria bélica. En dos centenares de referencias bibliográficas son citados más de sesenta autores -Jean Allouch, Badiou, Barthes, Bataille, Benjamin, Blanchot, Clastres, Derrida, Foucault, Freud, Guattari, Hardt, Kristeva, Lacan, Milner, Negri, Rancière, entre otros- pero ningún ensayo refiere ni contempla la obra del maestro de Lamborghini: su hermano Leónidas en cuya obra -en especial Las patas en la fuente - está la fuente de lo que más fascina del pequeño Osvaldo: su prosa cortada, su lengua natural, la continuidad entre obra, cuerpo y vida, su toqueteo con la locura y su prodigiosa máquina de crear figuras proyectando la cultura y el habla popular y el idiolecto de la psicosis a un diálogo explosivo con la gran literatura del mundo. Hace un mes se ha reeditado con el título El solicitante descolocado (Paradiso) este clásico del hermano mayor y padre de la sintaxis mayor de Lamborghini. Leerlo o releerlo desde Osvaldo es el mejor homenaje intelectual que merece esta figura truncada en 1985.